18 feb. 2010


Arrepentimientos es todo lo que dejas, en tu lápiz labial,
Toma una foto de nuestro pasado, en ese cenicero,
Tuvimos nuestra diversión, yo solía encender tu llama,
Como el humo que se eleva,
tratamos de encontrar nuestro camino,
Nadie me lo dijo, ella me lo dijo...

12 feb. 2010

NO eres el AGENTE de su DOLOR.

(...) - Lo siento - dijo como si el problema fuera producido por él, como si aquel ser de tan puro de corazón fuera el agente de producir un dolor tan interno en el corazón de ella -
Un silencio atravesaba aquella conexión que poco a poco se partía. El doloroso silencio del amor que producía una herida más en algún lugar. En el lugar más recóndito y utilizado por él.
- No me digas eso, que duele más - dijo ella con mil sensaciones dolorosas, con un frío ajeno al que ella comúnmente sentía. Con un latir lánguido y taciturno.
Sus ojos no querían seguir leyendo. Pedían estar cerrados y que ojalá todo fuera un mal sueño, o una broma más de las suyas. De hecho, le suplicó que no fuera una broma de aquellas. A lo que él respondió con un muy sincero " no", con aquellas palabras que afirmaban esa decisión que no tomó.
Él no podía ir a verla. Una vez más las circunstancias y el capital se interponían en su relación.
Las distancias nunca lograron ser amigas del amor. Los kilómetros entre él y ella sólo daban paso a mortificar el corazón, a trizarlo un poquito y hacer de la nostalgia el sentimiento más tormentoso y perdurable de todos los tiempos.
Sentía que se perdía, que su espacio desaparecía. Solo estaba él, sus palabras en aquella pantalla, y el dolor de su corazón. Su aire estaba sediento, suplicaba en voz baja un poco de brisa helada, de aquel viento de una noche poco estrellada, con un leve ruido a ciudad y ese olor a tempestad.
Encendió un cigarrillo y cerró los ojos, tratando de sentir, tratando de identificar esa sensación tan particular que la asfixiaba.
No podía. Aspiraba el humo a través de ese filtro, rogando que la vida también tuviera uno para que al inspirar un poco de ella su corazón no pasara por turbulencias ni enfermedades posteriores.
Abrió los ojos y no podía comprender ese dolor que se prolongaba con el tiempo, que era medido solo con la cantidad de tabaco que contenía aquella forma cilíndrica que aliviaba el rincón mutilado.
La forma cilíndrica y larga de aquel cigarro se perdía. El frío se volvía una buena compañía. El filtro se calentaba y tabaco ya casi no quedaba.
Ella aspiro como si supiera que esa sería la última de otro cigarro consumido a la lista. Expulsó el humo de su boca y con el algo también salió. De repente algo se cayó, el filtro quedó solo y el tabaco botado en el suelo, separado totalmente del sosiego, de aquel invento que disminuye el dolor.
Miró el cielo por última vez y entra a su cuarto a reproducir lo que acaba de vivir. Lo que todavía no comprende. Lo que yo no puedo comprender.



Antonella Dawson.

9 feb. 2010

don't believe me too much.

Duró lo que dura una gota de lluvia en caer. No me creas si te digo que te extraño, te necesito y te amo. Sólo necesito espacio y tiempo para desintoxicarme de tu piel y comprender. Comprender que puedo vivir sin vos, que no me volarás la razón, ni perderé la cordura cuando alguien te nombre en alguna conversación. Necesito soportar el abandono y amigarme con la soledad que instalaste a mi lado cuando te marchaste con paso firme dejando todo detrás.



Recuperar la armonía, o en lugar de eso digamos mejor, construirla. Por eso, no creas ni ayer, ni hoy, ni mañana si alguien te comenta que pregunté por ti alguna madrugada, no te extraño. Ellos no saben tanto, saben lo que les dejo saber, saben menos aún de lo que yo sé.


Y si nos encontramos y te cuento que salí a recoger flores, y que bailo todas las noches, y el insomnio es mi pasado, créeme un tanto, o no me creas cuando te diga que no muero por desamores, que como mejor y no lloro algunas noches. Después de todo puede que te esté mintiendo. Quizás no quiera que sepas que es cierto.


Y si lograra que creyeras, dejaría que te marcharas por cualquier puerta que vieras.

3 feb. 2010

Terminada una caja de cigarrillos abierta no mucho tiempo atrás, se dirige al armario en busca de una nueva. Son las cinco de la mañana y lleva 7 cafés amargos y ninguna cuenta de los cigarrillos que ha fumado dejándose llevar con el humo gran parte de su ser. Fito suena desde el fondo, cuál si cantara a lo lejos y ella lo oyera, y una montaña de papeles arrugados se observa desparramada sobre la mesita frente a su sillón.


Ha pensado más de la cuenta y escrito menos de lo habitual. Las palabras no quieren salir y ser liberadas, y en el intento de plasmarse en la memoria de un papel salen disparadas y tan alborotadas que se vuelven inteligibles. Cada tanto se rinde, se recuesta en el sillón con un cuaderno durmiendo sobre sus piernas y habla con el disco que se está reproduciendo, canta un poco, pero es más una charla entre ella y la música.

Rendida por el cansancio y la falta de concentración vuela en mundos paralelos sin conseguir conciliar el sueño. Sería inútil dirigirse a la cama o prender el televisor para ver las noticias que no le interesan. No le atañe nada que no toque su realidad inmediata y lo que se sucede en su mente y su cuerpo pero esa noche ha sido imposible sacar de sus sentidos el embotellamiento que lleva dentro.

Espera hasta el alba y sale de su departamento con una apariencia desastrosa a contemplar el amanecer buscando algún lugar que aún no conozca.