26 feb. 2011

extrañando el invierno.

Recordando cuando pasaban las mañanas, las madrugadas del cotidiano vivir del frío invierno encerrado en los cuerpos abrigados de ropa, casi sin el inapreciable asomo de piel. Mi cuerpo enmudecido con las melodías algo tristes del aleatorio de la vida, no se detiene, recorre, siente pero siempre extrañando el invierno, pero no cualquiera sino aquel invierno que era heterogéneo, con otra esencia. Donde cualquiera podía sentir que estaba siendo esclavo de las heladas más fuertes del milenio. Aquel invierno era uno de los más congelados, con los cambios climáticos más rotundos, como el corazón de un bipolar, o de alguien con trastorno de personalidad. Donde el corazón al fin siente, se retuerce y a veces parece arañar. 
Y así pasaban los días de manera desigual. Las mañanas eran de un café y un cigarrillo, ponerse el abrigo y salir a la monotonía tan tediosa de siempre.
Las copas de vino estaban derrotadas en la esquina de la vieja ciudad, del patrimonio nacional, las cajas del vino barato y las botellas del trago más rancio destruidas, cortadas después de arduas luchas callejeras.
Y Ahora no, las mañanas cambiaron; ya casi ni se asoman. Y sí, el cielo está nublado, y mi corazón entre sus manos, esperando a que nunca salga el sol porque el frío siempre termina por abrigar mejor.


10 feb. 2011

Old memories

¿Cuántas veces te dije que no te hicieras caso cuando aquellos pensamientos retorcidos y enmarañados te abruman, te nublan?. ¿No hablamos ya de dejar los impulsos a un lado, aquel día, en el parque, mientras intentabas jugar a las escondidas, escondiéndote de nadie?

Tranquila Lola, sólo tu y yo sabemos las farsas que se esconden detrás de tus sonrisas tan bien ensayadas. Los dolores maquillados, el tiempo malgastado.

Jamás imaginé que contigo también te llevabas camuflados los restos de mi cordura.

Mirando a través de la ventana del pasado, evoco nuestras risas y mis llantos, puedo rememorar el momento exacto en el que le diste la espalda a lo que habíamos soñado y te fuiste tras la puerta trasera escabulléndote tan rápido.

Creí que todavía quedaba algo de ti en mi, pero al contrario, fuiste vos quien se llevo consigo una parte de mi ser, y no se digna a devolvérmela. ¿Cómo puedes pretender que me mantenga en pie?

7 feb. 2011

Los matices del blanco y negro.

Entre signos y pensamientos descifrados, entre varios café cortados desabridos… malditos, me ahogo en un precipicio sin agua, con el paracaídas incompleto atado a mi cintura; sin los cigarros dominantes de la depresión, ni nada más que pueda venir fugaz a mi razón.
Perdida por el ladrido de la nada, por el tacto de la tristeza me he quedado en la oscuridad, sin rumbo definido, recorriendo por parajes del pasado mal sembrado, con la cosecha por el suelo, pisoteada por rabia de un mal cultivo, de un proceso que nunca ocasionó el fruto de la semilla, o no al menos el que creía.
La pena por defecto, que por más que la intente matar siempre consigue la manera de transitar. Ahora está inválida, discapacitada dicen; pero no se cansa de adquirir movimientos para alcanzarme y apoderarse de mi corrosiva debilidad. Acabando con la poca estabilidad, llegando a un nivel de frustración y desgracia que me hace escuchar las mismas canciones de los viajes más tristes, donde las carreteras no se ven, donde predomina el negro que de repente es un poco mutilado por el gris, siendo aún peor a mi parecer porque puedes ver, poco pero puedes ver, que es aún mucho peor.