4 oct. 2012


Ha aparecido frente a mí, de nuevo, el despreciado momento en el que me pregunto, una y otra vez, hacia dónde salir corriendo. Inmóvil en la espesura de la obscuridad, sé que un paso en falso puede acabar con todo. No me animo a moverme, o mejor dicho, no se hacia dónde debería hacerlo. Hoy, aquí y ahora no sé nada sobre todo aquello que siempre creí saber muy bien.

Mientras enciendo un cigarrillo me encuentro maldiciendo aquel día. Ese maldito y al mismo tiempo tan bendito día, en el que todo cambió de repente. Nunca nada ha vuelto a ser igual. Y no puedo negar que quizá eso haya sido, un poco, lo que me ha salvado. El espejo a lo lejos me murmura lo que he de aceptar.

Mientras, entre sorbos de café y lágrimas, quisiera ser tantas cosas que observo muy distantes y no soy. A veces simplemente quisiera ser.