20 jun. 2013

Uno de las varias noches de insomnio.

Ya nada es como antes. Ya nadie sonríe. Todos se vuelven espejismos monótonos, que caminan cabizbajos. Cansados, perdidos. Perdidos entre los conocidos. Reconociéndose en la distancia.
Mientras más alejados estén más cómodos se sienten. Y es que estas paredes, más que las mismas personas, son las que atormentan.
Ni tampoco la tormenta cesa, y mucho menos el cansancio.
Las palabras se guardan ante tantos oídos que ya no entienden razones, sentimientos... Nada.
Tantos corazones grises, perdiendo latidos en sus días de oscuridad regalados por si mismos. Que en su comodidad ya no quieren teñirse de otro color.
La tristeza los sucumbe. La oscuridad los conquista, mientras que día a día la soledad los envenena exquisitamente.
Ya nadie comprende. Ni tampoco quieren. En su asientos están esperando como pasan los días y el café se enfría.