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17 jul 2011

Si decides pronto, no te arruinas.

De nuevo hace ese frío terrible que te toca la puerta y pasa sin permiso de nadie inundándote en un escalofrío terminal de pies a cabeza.
De nuevo el corazón no manda y la cabeza actúa queriendo ser la protagonista de la historia, intentando tener el personaje principal sin haber estudiado actuación.
De nuevo el alivio no está solo en una taza de agua caliente y té; ni en los cigarrillos ni en la interacción con alguien más.
De nuevo prefieres quemarlo todo, olvidar, renovar los pensamientos en tu cabeza casi como ordenar tu habitación. Como si organizar las cosas realmente funcionara de algo.
Al final siempre termina volviendo la misma persona de antes.
Es la piedra en el zapato que no sabes cómo se metió ni donde está y por qué justo en ese momento te viene a molestar. Pero sigues caminando intentando acomodarla para que no estorbe.
Ahí es donde tú decides qué hacer. Si sacarla al instante, o dejarla ahí y después, cuando te acuerdes, retirarla; mientras ella aparece y desaparece cuando se le dé en ganas, haciendo y deshaciendo-.


Anto.

22 jun 2011

A veces.

A veces no es el cigarrillo quien se consume, ni el humo el que se inhala. A veces no son las cenizas las que caen. A veces no es un cigarrillo sino la vida misma, los anhelos, las esperanzas, los sueños y los desconsuelos, que se ven materializados en el procedimiento automático de encender, aspirar, consumir y apagar. Momentos en el que el tiempo se detiene y el mundo se desvanece. Algunas veces realizar este simple acto nos aleja de todo, hasta de nosotros mismo, por un instante fugaz. Quizás por esto mismo a veces sea tan necesario fumar, con el fin de que nos mate un poco o simplemente nos devuelva la vida.

21 may 2011

Try.

Cuesta volver cuando te pierdes en esa órbita que no reconoces a simple vista. Cuando intentas retroceder y avanzar ese poquito espacio que te dio la vuelta en 180º.
Te cuesta retomar el centímetro mínimo de la realidad con lo que eras antes.
Se te nota bastante lo cambiada que estás. Ya no hablas, ya no ríes con facilidad como antes, las simplezas de la vida no las disfrutas como antes. El ayer se te ha vuelto un tormento que no te para de perseguir y el presente es el acuerdo que nunca quisiste firmar.
Y pareciera que das vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte, es como un círculo que a veces parece un tubo que tiene principio y final, que finge acercarte a la luz y después te vuelve a pisotear.
Pero no es nada grave; dices entre ti misma y el resto que escucha el susurro.
Dices que todo está bien con la cara llena de goce y la naturalidad vuelve al resto con un sosiego increíble, mientras se ve que fumas menos, que ya no consumes café pero calma... que todo está bien.

... aunque todavía cuesta demasiado volver.

Anto.

3 mar 2011

Se había vuelto adicta a las pequeñas ceremonias que llevaba día a día a cabo. A esos rituales que sólo para ella eran mágicos. Una liturgia que la anonadaba cada vez aunque fuera siempre igual.
Era cuando la rutina la absorbía cuando se sentía muerta. Quizás lo estuviera. Entre las corridas y las cosas que debía, no encontraba el aire necesario para respirar, ni el tiempo de detenerse a mirar. Se sintió un tanto hipócrita de culpar a la rutina, los deberes y la ciudad de no ser capaz de detenerse un momento y volver a la realidad. Esa noche se prometió que jamás se vendaría los ojos aunque la monotonía la absorbiera. Debía estar despierta, siempre despierta y quizás también un tanto atenta, si no quería pasar por al lado de lo más importante de su vida, y no reconocerlo.
Siempre la encontraba en el espejo, tan altiva y arrogante, Mirando, mirándome con esos ojos llenos de rabia, de frustraciones, de desesperanza. Pero que más, si eras mi propio reflejo, para encontrarme debía mirarte. No es que quisiera, pero lo debía.