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30 jul 2010

cuánta realidad hay en una vida subjetiva con capítulo en pausa.
cuánta certeza hay en la incertidumbre de una mente que sufre de contradicciones periódicas.
cuánto de cierto hay entre tanta demencia.
cuán despierta está una cabeza que pasa durmiendo.

24 jun 2010

Ves como se enfría?

A veces puede parecer que ella no vuelve. Puede pasar mucho tiempo, mucho frío; se pueden ver muchas gotas caer de la lluvia torrencial y ella no vuelve.
Parece que no hay verdad, no hay mentira, no hay nada. No vuelve porque no sabe dar el paso, ese primer pie para dar el paso y seguir ese andar.
Ella no vuelve, y la marcha del tiempo avanza sin parar.
La gente camina y ella sigue atrás, detenida en esa noche gris, donde lo que único que ilumina es la luz de los faroles y de los postes de la ciudad.
El café está frío, el cigarro ya bastante consumido y ella sigue ahí, intacta, helada, dejando pasar el tiempo sin reaccionar.
Caminante sin destino, frío invierno del delirio, al borde de la locura de un manicómio.
Cotidiana, fría, cálida, impulsiva, extraña. Eso es ella y la misma contradicción de siempre. La rabia, el odio, la pena y el táctil dolor.
Ella es una pensante sin descanso, un fracaso sin pausa, una sonrisa feliz agrietada, y el ángel de cara cortada.
Ella se acrecienta, pierde el equilibrio mental, espacial y de todo, se derrumba mientras a su paso los fuegos artificiales no parecen importar. Está bajo esos explosivos, se quema y no le duele. Pero sabe perfectamente que la herida que lleva dentro no se cierra con nada.

Siempre ya es nunca y nunca para ella ya pasó.

9 may 2010

La madrugada de ayer.

No había nada por hacer, ya no había más nada. El tiempo estaba perdido, el cronómetro empezó antes de lo previsto y claro, ella estaba ahí sin darse cuenta. Enfiestándose la vida, gastando el alcohol a donde fuera a parar, gastando el andar, gastando las zapatillas de siempre que poco a poco tocaban el piso ya. Gastando lo poco que había en ella y sin embargo no sentía nada. No concebía del desprendimiento de su alma.
En la reconciliación con su dolor solo logró ahondar más en el desconsuelo que sin razón tocaba el timbre de la estructura arquitectónica más utópica posible.
Las flores estaban secas en aquel jardín por el cuidado especial que ella les daba. Las rosas ya no contenían pétalo alguno, y sin embargo las espinas estaban más perpetuas que nunca. Cada día ella se asomaba por la ventana a ver si más de alguna crecía, pero no. Luego entendió que si les decía algo lindo para sus oídos invisibles quizás podían dar un poco de luz a su vida y así dar paso a su crecimiento despampanante. Pero claro, las flores son tontas y sí logran sentir incluso inevitablemente más que ella.
Ya no puedes regar las semillas con tus lágrimas – dijo el cielo gris que empezaba a mezclarse todavía más con el negro-. No pueden hacer oídos sordos. No quieren escuchar tus vocablos deficientes de amor, no quieren verte más con los párpados hinchados de tanto dejar correr la llave de tus ojos tan reconocibles, ni aunque el agua se corte dejarán de sentir lo que dentro de ti ocurre.
Sabes? Ellas tienen la respuesta pero están tan marchitas, tan tristes como tú que no te pueden dar nada más que sus espinas. Sí, justamente esas que al llover dejan colgando una gota que suena al caer en la poza que han ido dejando ser - decía el cielo tornando a crear una tormenta.
El cielo conocía perfectamente cada movimiento, cada gusto, cada lamento de ella. Sabía perfectamente que las tormentas tanto como ayudarla a levantarse también terminan por animar su arruinar, pero esa era su última arma a utilizar.
Caían las primeras gotas heladas que se dieron paso a situarse en su rostro, y ella solo atinó a estirarse en el pasto seco que clavaba como cuchillas en la espalda. Ya que su interior estaba sangrando no se percató que su cuerpo perdía la sangre que no alcanzó a salir en aquellos tiempos de automutilación.
Pasaba el tiempo y la lluvia se hizo presente. Se recalcó aún más al haber truenos inmensamente holgazanes que no electrocutaban ninguna parte.

Quiero esconderme – dijo ella – (…), estar bajo la tierra infértil de los cementerios más decadentes del mundo, estar y sin embargo no estar en las cenizas que el viento sopla sin ímpetu, perderme entre la brisa del frío más helado, no llegar a ninguna parte ni aunque llegue al lugar que siempre me abrazaba únicamente al traspasar las rejas que separaban el paraíso del infierno. Simplemente me he equivocado al nacer, no es fácil de entender, nadie lo quiere comprender y es por eso que ahora mis huesos y mi carne están postrados en este suelo donde las hormigas terminan por devorar lo poco que queda de mi como ser- dijo ella al dar el último suspiro de cansancio en la nada; al abrir ojos y simplemente notar que estaba en el lugar de donde nunca ha podido zafarse. Y por desgracia el llanto se fue de la mano con la melodía que siempre toca un milímetro de algo que queda ahí.
Pero parece que amo.

8 may 2010

no hace falta presionar atrás.


De las botellas de mi bar favorito germinan palabras del pasado que se suponía pisado.
Y sí, lo pise, pasé por encima, o al menos eso creí.
Repaso y recuerdo haber puesto mi pie sobre él, sobre aquella huella más ensangrentada que nunca, una de las tantas razones de mi autodestrucción, de mi apetito de desaparecer, de mi caída que sigue la persecusión de siempre detrás de mi sombra.
Pero, como siempre, toda la suciedad que es pisada acaba siendo vencida pero también deja un poco de ella, un rastro en el zapato.
Pues sí, parece que es imborrable. 
Se reproduce a través de la soledad, melancolía, de la oscuridad y, por supuesto, en todo desamparo, y en los desechos triviales de ellos, como una noche de borrachera con el vino más próximo, sin importar calidad, solo importa dejar de ser... olvidarse de perdurar.
Y a la mañana posterior todo vuelve pero con un olvido permanente de la noche anterior.

Siempre es así, la misma historia de siempre.