7 abr. 2010

Tomo prestada de una mesa casi vacía una caja de cigarrillos y subió a su departamento. Una vez allí se desvistió mientras preparaba una jarra grande de café, y enredada en frazadas se sentó a mirar la ventana. Esperaba, que algo ocurriese, pero no sabía ni intuía que podría ser, sólo aguardaba que alguna señal le fuese dada desde el exterior, o desde allí donde se encontraba, quizás también desde lo más recóndito de su ser. No sabía, pero se encontraba al acecho.



En el fondo de la ciudad, allí donde los edificios se desvanecían borrándose lentamente podía observar con suma claridad la utopía. Una utopía en la que creía firmemente, y que la empujaba a seguir caminando ante cualquier tempestad.


Más allá de lo que digan las reglas, en la vida gana el que domina, y en este caso domina su mente. El dominio en definitiva es poder. Y el poder lejos de pertenecerle a ella, lo tenía algo en lo profundo de su ser.

1 comentario:

  1. Porque siempre hay algo que nos puede? Me ha encantado la forma que lo has descrito, y el nuevo diseño del blog es genial! Me he enamorado!!

    un beso!

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